como llegué hasta aquí

Entré en este ámbito de las técnicas alternativas y la salud holística, un poco por casualidad y por la puerta lateral: coincidieron varios factores que hicieron que me asomara a un mundo hasta entonces desconocido por completo. Para que se comprenda mejor el proceso que tuvo lugar en relativamente poco tiempo, yo venía de un hogar donde los medicamentos habituales ocupaban un cesto en la mesa de la cocina y mi madre nos ponía inyecciones desde pequeños con una soltura dada por la experiencia (somos siete hermanos). Con 17 ó 18 años ya llevaba tabletas de aspirina en el bolso, que tomaba sin agua, masticando como si fueran caramelos, a la mínima molestia, atisbo de constipado o leve dolor de cabeza. Cuando estaba enferma o tenía algún problema de salud consultaba al especialista en medicina alopática,  adecuado al tipo de síntoma, tomando la medicación que invariablemente me recetaba. Y más tarde, después de una separación tortuosa, me di cuenta de que repetía siempre lo mismo, con distintas personas y que eso me causaba una gran infelicidad, lo que me decidió a acudir a una psicoanalista de la escuela freudiana. Ninguno de estos profesionales dio con una solución permanente… pues aún no había descubierto que la única que podía encontrarla era yo misma. Durante esos años yo continuaba adelante lo mejor que podía, agotada, con un hijo pequeño que a su vez empezó a tener problemas de salud, atrapada en un trabajo que detestaba, sintiéndome sola e incapaz frente a las dificultades y con una angustia indefinible que me hacía huir de diversas maneras de mí misma.
Todo eso empezó a repercutir en mi salud más seriamente, porque además no sabía que alternativa elegir, es decir, no tenía ni idea de lo que quería hacer con y en mi vida. Me di cuenta de que si yo estaba mal, mi hijo estaría mal, lo que me empujó a tomar la decisión de cuidar de mí, pero desde un ángulo distinto. No sabría decir cual fue el detonante, pero algo interno se despertó de manera espontánea. Y empezó una cadena de sincronicidades.
Tengo que aclarar que en el proceso de despertar que siguió, también pasé mucho miedo y creí que me estaba volviendo loca, que perdía el control de mis sentidos y de mi vida. Tuve que enfrentar un terror que me había acompañado desde niña. Afortunadamente, hubo personas que entendían más que yo de todo esto (lo que recientemente he descubierto que se llama emergencia –en el sentido de emerger- espiritual), y estuvieron a mi lado proporcionándome apoyo, lo cual me ayudó a transitar esa brusca y fugaz apertura. Digo fugaz porque tal como empezó, se acabó, dejándome algo decepcionada por haber “perdido” un estado de receptividad y conexión mucho más alto de lo habitual. En realidad no lo perdí, pero sí que tuve que reactivarlo durante los años que siguieron.
Y este periodo iniciático, se tradujo en que supe que era lo que haría en adelante: trabajar con otras personas utilizando métodos naturales. Me compré libros (había tanto por saber, tanto por aprender, tanto por descubrir…) y me convertí en una buscadora ávida de información.
Así empezó un recorrido que aún no ha terminado, en el que tuve suerte, o criterio, o ambas cosas, porque encontré buenos profesionales, que me aportaron no sólo técnicas o herramientas, sino también ética, enfoque profesional y su propia experiencia. Y otros, igual de buenos para mí, que me mostraron claramente lo que quería evitar.
Por mi manera de ser, investigué muchas disciplinas distintas, algunas siguen formando parte de mi método particular de trabajo, y otras contribuyeron a su desarrollo de alguna manera a lo largo de estos años, pero todas me han servido, aún las que pensé que me había equivocado al elegir. También pasé por todas ellas como receptora, lo cual me fue aportando un mayor conocimiento de mí misma, y me proporcionó herramientas para tratar con algunos de mis temas recurrentes, desde puntos distintos.
Antes de lo que creía, estaba dedicándome a lo que había planeado.
Esta vía no siempre ha sido fácil: he tenido dudas de todo tipo y crisis, muchos momentos económicamente inestables, inseguridades a nivel personal y profesional, y lo que yo creía que eran retrocesos. Aún así, a lo largo de esta etapa, he sentido profundamente que eso era a lo que me quería dedicar y que además, trabajar al lado de otras personas y con ellas, requiere una introspección personal. Creo que esta es una condición esencial y mucho más importante que acumular conocimientos y técnicas innovadoras.
Mi opinión, después de todos esos sucesos y desde la perspectiva del tiempo, es que cuando surge lo que se denomina Llamada del Alma, si se la escucha, se pone en marcha un mecanismo automático en el que suceden cosas imprevistas y que estos sucesos nos conducen -o nos empujan- ahí donde decidimos ir como propósito de vida. Esto no quiere decir que para todas las personas pase lo mismo y del mismo modo, cada una se encontrará con lo que necesite para llegar donde eligió desde su conciencia superior.
Desde aquí agradezco a la vida que me haya dado la oportunidad de ser y existir, de descubrir que es eso que me hace sentir plena, y que me haya proporcionado lo necesario para ir consiguiendo disfrutar de lo que hay, en lugar de pelearme con ello o de hundirme bajo su peso… y sigo aprendiendo y construyéndome día a día.

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